No tienes que sonreír por compromiso si no lo sientes. No hace falta mostrar fortaleza cuando por dentro todo se desordena. También está bien no estar bien.
Sentirse perdido, cansado o confundido no te hace débil... te recuerda tu propia humanidad.
Y no, no estás exagerando, aunque alguien intente convencerte de lo contrario. Lo que sientes es válido y tiene un valor real.
Ocultar lo que te sucede no lo hace desaparecer… al contrario, solo logra que se acumule.
Por eso, deja de exigirte tanto. No has venido a cumplir con lo que otros esperan de ti.
Viniste a ser quien eres, con libertad, sin máscaras y sin necesidad de aprobación.
Quien resuene contigo, se quedará. Quien no, simplemente se alejará.
Pero no te abandones más. Porque llega un momento en el que elegirte deja de ser una opción… y se convierte en una necesidad.
Y ahí es donde empieza la verdadera paz: en ti.